domingo, 1 de noviembre de 2020

Jóvenes artistas del Conjunto Folklórico Nacional de Cuba desafiaron los miedos


Siempre que Cuba ha vivido situaciones difíciles los jóvenes han adoptado posturas loables en el afán de contribuir a mitigar los efectos.

Así ha sido la más reciente etapa de pandemia, provocada por el mortal COVID-19, momento que ha demandado de la colaboración de todos y en el que la respuestas de los jóvenes no se ha hecho esperar.

Tal es el caso de dos integrantes del Conjunto Folklórico Nacional de Cuba, David Frank Acosta Mazorra(bailarín) y Leonardo Ruiz Valdarrain (percusionista), quienes se sumaron voluntariamente a la convocatoria de las autoridades sanitarias, para apoyar en Centros de Aislamiento de La Habana.

El primero, regresado de la Universidad de las Artes (ISA), prestó sus servicios en la sede de altos estudios, convertida en espacio para la atención a sospechosos de contagio.


"...supe de otros artistas  jóvenes que estuvieron vinculados a Centros de Aislamiento en el primer periodo  y junto a otros alumnos hablamos con los directivos para conformar una brigada  que representara a maestros y estudiantes.

Fue una experiencia única y bonita poder ayudar a la Revolución en un momento tan difícil.

Allí aprendimos a convivir con personas que podían estar contaminadas con el virus, también  a cuidarnos y a cumplir estrictamente con las medidas higiénicas y sanitarias.

Me siento orgulloso de haber dado mi aporte, y desde ese momento siento que he crecido como persona...", comentó el también líder de la renovada comparsa Los Dandis de Belén.

Por otra parte, en la Residencia para maestros del municipio Playa se vió trabajar duro y responsablemente al percusionista, transformado en cooperante sanitario.


"...no voy a negar que llegué con muchos temores, porque ese virus mata, pero mi compromiso con Cuba fue mayor que mis miedos y por eso no lo pensé mucho y me sumé a la tarea, respondiendo a una convocatoria de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR).

Allí lo mismo contribuíamos con la limpieza del lugar, que repartíamos los alimentos y ropa de cama.

Fueron dos meses de riesgo, sí, pero también de aprendizaje y de entrega.

Lo más gratificante era ver que los  pacientes agradecía nuestro apoyo y los médicos nos veían como un 
complemento a su trabajo...", fueron sus palabras.
 
Acompañados por normales temores ante la posibilidad del contacto directo con algo que les podía costar muy caro, estos dos jóvenes asumieron una responsabilidad digna de reconicimiento, y se unieron a un ejército que con la alegría propia de su edad, no se dejó amedrentar y aceptó el desafío.

Ellos, junto a sus compañeros de causa,  siempre estuvieron bajo la vigilancia del personal médico quienes velaron por su salud, al tiempo que los instruían en el uso correcto de los medios de protección individual y la aplicación rigurosa de las medidas para evitar el contagio.

Actitudes cómo las de David Frank y Leonardo demuestran que los jóvenes artistas cubanos son capaces de transformar sus rutinas cotidianas siempre que Cuba los necesite.

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